Rabia
En estas más de dos semanas que he estado yendo al hospital a visitar a mi hermano, varias veces he visto; sentado en las escaleras de acceso a la entrada principal, a un chico joven pidiendo limosna. No tiene más de 30 años y justo delante de él, en una cajita de cartón sin tapa, se van acumulando las monedas que dejan los que como yo, van a visitar a sus seres queridos. Cada cierto tiempo el chico se levanta, estira sus entumecidos músculos, y guarda parte de las donaciones en sus bolsillos. No parece tener ninguna disminución física ni mental, si acaso todo lo contrario. Se pasa la mayor parte del tiempo encogido, cubriendo la cara con las manos, en gesto pensativo como si quisiera tapar sus lágrimas; postura que he visto resulta mucho más eficiente (monetariamente hablando) que permanecer sentado sin más.
Si de algo estaba sobrado mi hermano era de ganas de vivir, de llenar su agenda y no perder ni un minuto.
Mierdavida.
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